Andrew Ross Sorkin

OMAHA.

"El sistema de impuestos no está lesionando nuestros negocios en todo el mundo".

Eso fue lo que dijo Warren E. Buffett, presidente y director general de Berkshire Hathaway, durante la reunión anual de la compañía llevada a cabo el fin de semana, en lo que se conoce como el "Woodstock de los inversionistas".

En un comentario notablemente directo y agudo, Buffett implícitamente refutó a los empresarios que han estado cabildeando al gobierno de Trump y a los legisladores en Washington para que bajen los impuestos de las empresas.

En verdad, advirtió Buffett, hay un espectro mucho más siniestro que los impuestos a las empresas que se cierne sobre los negocios estadounidenses: el costo del seguro médico. Y los ejecutivos que han estado concentrados frenéticamente en buscar alivio de sus pagos de impuestos harían bien en pasar su atención a estos costos, que están aumentando y devorando sus ganancias.

Fue esclarecedor escuchar a Buffett exponer las cosas de ese modo. La necesidad de alivios fiscales se ha vuelto la estrella polar de la alta gerencia, donde los directores se extasían con el plan de Donald Trump de estimular el crecimiento bajándoles los impuestos a las empresas.

Pero, como señaló Buffett, esos ejecutivos no ven el problema mayor; el problema que debería ser su Santo Grial. En términos de porcentaje del producto interno bruto, el costo de mantener el sistema de atención médica en Estados Unidos –hospitales, proveedores de servicios médicos, consultas, medicamentos de receta, dispositivos médicos, compañías de seguros, Medicare, Medicaid– está aumentando a un ritmo alarmante. Y el sector empresarial del país paga una gran parte de esa factura, que además está creciendo.

No estamos hablando del costo del seguro médico, que es una fracción del costo general.

Buffett dio a entender que las tasas de impuestos a las empresas son una distracción, no un impedimento verdadero para el crecimiento.

"Si retrocedemos a 1960, más o menos, los impuestos de las empresas eran un 4% del PIB", precisó Buffett. "Quiero decir, la cifra andaba por ese rango. Hoy en día, son más o menos 2% del PIB".

En cambio, agregó, mientras los impuestos a las empresas se redujeron en términos del producto interno bruto, los costos de atención médico se han inflado. Hace unos 50 años, indicó, "la atención médica era 5% del PIB; hoy en día es un 17%".

El suyo es uno de los argumentos más contundentes para renovar la atención a los costos de nuestro sistema de atención médica, tema que va mucho más allá del debate respecto de la ley de atención médica accesible y de cómo será el panorama si es revocada y reemplazada.

Buffett indicó que la competitividad de Estados Unidos en todo el mundo se ha reducido en gran medida porque las empresas están pagando más por atención médica –lo que es un impuesto con otro nombre– que las empresas de otros países.

En la conferencia anual de sus accionistas, que atrajo de decenas de miles de personas a Omaha, él dio un seminario virtual sobre la economía de la atención médica, que los empresarios y legisladores harían bien en escuchar. Demostró en términos sobrios que el continuo estribillo de la comunidad empresarial sobre los impuestos probablemente debería dirigirse a tratar de controlar los costos de la atención médica.

"Cuando las empresas estadounidenses hablan de que les están estrangulando la competitividad, o ese tipo de cosas, están hablando de algo que se ha reducido como porcentaje del PIB", observó Buffett. "Mientras que los costos médicos, que las empresas llevan a cuestas en gran medida" han aumentado.

Tiene razón: En 1960, los impuestos de las empresas en Estados Unidos eran más o menos 4% del PIB, lo que probablemente sea la mejor forma de medir la carga en las empresas. Después, ese porcentaje se redujo continuamente hasta llegar a su punto más bajo en 1983, para después aumentar ligeramente estos últimos años. Hoy en día es de 1,9%.

Mientras tanto se han disparado los costos de la atención médica como porcentaje del PIB, divergiendo significativamente con los de otros países industriales. Nuestros costos de atención médica están en 17,1% del PIB, después de haber estado en 13,1% en 1995.

Las cifras en Alemania son de 9,4% en 1995 y 11,3 en la actualidad, Japón pasó de 6,6 a 10,2% en el mismo período. Los costos de atención médica en la Gran Bretaña aumentaron de 6,7% en 1995 a 9,1% del PIB en la actualidad. Y los de China aumentaron de 3,5 a 5,5%.

Eso pone a Estados Unidos en una desventaja material mucho más allá del diferencial de impuestos. Y lesiona en particular a las empresas, ya que son estas las que cargan con una gran proporción de esos costos. Las corporaciones gastan en promedio 12.591 dólares para cubrir a una familia de cuatro; esto representa un aumento de 54% respecto del 2005, según un estudio de la Fundación Familia Kaiser.

"Los costos médicos son la tenia de la competitividad económica estadounidense", señaló Buffett, utilizando una metáfora que ha empleado en el pasado para referirse a los insidiosos y parasitarios costos de nuestro sistema de atención médica.

Buffett es demócrata pero su socio de negocios, Charles T. Munger, es republicano … y un republicano raro que ha abogado por un sistema de seguro médico de un solo pagador. Según su plan, con el que está de acuerdo Buffett, Estados Unidos promulgaría una especie de cobertura universal para todos los ciudadanos –quizá siguiendo el modelo de Medicaid– con una cláusula de salida que les permitiría a los ricos pagar por recibir atención de lujo.

Nuestro hinchado sistema de atención médica, afirmó Buffett, es la verdadera barrera hacia la competitividad de Estados Unidos, además de ser "la variable más grande en la que cada vez nos salimos más de sintonía con el resto del mundo".

Pero no se habla de esto lo suficiente. "Es muy duro atacarlo para los partidos políticos, pero básicamente es un tema político", afirmó Buffett en respuesta a una pregunta que yo planteé. (Yo fui uno de los tres periodistas y tres analistas que, junto con los accionistas, bombardearon a Buffett y Munger a preguntas durante la reunión.)

Eso no quiere decir que la reforma de los impuestos de las empresas no serviría, pero sería una ayuda diminuta en comparación con arreglar el sistema médico.

En efecto, aunque Washington estableciera un crédito fiscal para la inversión de capital, Buffett no piensa que BNSF –la compañía ferrocarrilera que posee, que gasta miles de millones de dólares arreglando las vías– haría su trabajo más rápido o mejor debido a ese crédito fiscal.

"No recuerdo haberles dicho jamás a nuestros gerentes: 'Vamos a hacer esto porque la ley fiscal está por cambiar'", indicó Buffett.

Munger, vicepresidente de Berkshire Hathaway, agregó: "No vamos a cambiar nada en los ferrocarriles solo por un ligero meneo en los impuestos".

Sin embargo, ninguno de los dos espera que se arregle pronto el impuesto más grande, la atención médica.

"En esta cuestión, los dos partidos se odian tanto que ninguno puede pensar racionalmente, y creo que eso tampoco ayuda", comentó Munger.