• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

Hace unos días un diario local publicaba una noticia en su edición digital, como de costumbre cuando se trata de llevar agua a su molino, con títulos catástrofe "China construye en 9 horas una estación de tren y en Paraguay en 14 meses no construyen una cuadra de metrobús", por supuesto, se viralizó y el trabajo está hecho.

Nadie indaga demasiado, se da por hecho que es lo mismo una estación de tren prefabricada en mucho más que 9 horas, pero sí montada entre 1.500 (sí, mil quinientos tipos en 9 horas como un Lego) que una obra que va desde conexiones subterráneas de agua, cloacas, desagües pluviales, cambio de la capa asfáltica, conexiones eléctricas y otras obras conexas más. Eso no se hace en 9 horas, quizá tampoco en 14 meses, sabemos que se puede hacer en menos.

Pero el periodista y sobre todo su director, se olvida, convenientemente, que estamos hablando de China, un país donde los "derechos humanos" de los vecinos de la obra, de los trabajadores involucrados y sobre todo de los periodistas y sus directores no existen ni en el papel. China es un país que vive en una dictadura totalitaria hace unos 60 años, donde la vida de la gente no vale más que un plato de arroz y sus derechos a reclamar algo no existen.

Menos aun, en China, el dueño del medio, si la estación del metro está frente a un terreno baldío valioso puede parar la obra que se tiene que hacer a como dé lugar, porque "no le gusta" el tipo de pavimento, o no "le parece" que sea el sistema correcto, o en el fondo, le va a joder en los proyectos comerciales que tiene para su terreno o, Dios no lo permita, le baje el valor. La orden es que se haga y nadie puede chillar. Y si chillan hay hermosas prisiones para ir a "reflexionar bien el asunto" mientras durante 24 horas oímos discursos de Mao y caminamos en círculos en un patio por unas cortas décadas.

Me contaba un ingeniero que en China está la represa hidroeléctrica más grande del mundo (no, Itaipú ya no es a Maior do Mundo, pero es la que más potencia genera) llamada Las Tres Gargantas. La presa tardó 18 años en terminarse, y comenzó a operar en el 2012. Cuando veía que en Paraguay seguíamos pagándole a los damnificados por las obras de Yacyretá después de 40 años, y seguían los litigios para expropiar tierras a algunos aprovechadores de turno, el ingeniero chino no podía creerlo. Ante la pregunta de "¿y cómo hicieron ustedes allá en China con los afectados?", el chino respondió, "el gobierno decidió la obra, al que estaba en la zona, se le construyó una ciudad nueva, con casas y se les llevó ahí, algunos se resistieron, entonces se les avisó que en 24hs se inundaría la zona y que 12 horas antes iba a sonar una sirena, el que se quedaba, era su problema".

Y sí, así es fácil, nadie estuvo reclamando porque la obra se le adjudicó al consorcio tal, o si en tal consorcio estaba como accionista fulano, si en la obra pasaba por el terreno de éste o aquel, si en la zona había frentistas que no querían ruido o polvo o que le cierren el acceso a su local comercial, o si cuantos árboles o especies silvestres perderían sus hábitats. Usted dirá, "bueno pero esos reclamos muchas veces son válidos". Sí, claro que sí, pero si vas a hacerle caso a todos los reclamos no pidas que se haga en 9 horas, 9 días, 9 meses o 9 años. A medida que cedemos a las extorsiones periodísticas, políticas, ecológicas o simplemente emotivas de los que no se benefician con la obra o no entienden el beneficio a futuro de la misma, o peor, no entienden que mientras no se haga hay personas que sufren mucho más que tener que desviar dos cuadras para llegar al trabajo o caminar otros 300 mts, no vamos a poder hacer obras así de rápido. No importa que la obra se haga, siempre estará el poderoso señalando errores y fallas reales o irreales para poner palos a la rueda. Siempre habrá algún ingenierito pichado, encontrando que una rajadura es señal de que la estructura se cae a pedazos, o que si llovió mucho y se juntó agua durante un rato hasta que se bombee, es razón para denostar contra una obra realizada en tiempo récord y que beneficia a miles de compatriotas diariamente. Claro, lo malo es que pasa frente al terreno del director entonces es una porquería.

Sería bueno que este señor se vaya a la China. Y trate de parar obras porque "no le gustan" o "le parece que no son adecuadas" o "el contrato tiene puntos cuestionables", a ver qué le dicen los camaradas del Comité Central, o si el intendente del municipio de Wuhan le va a mandar parar la obra porque se extinguió el delfín chino o se inundan sitios arqueológicos de la Dinastía Ming.