• Por Alex Noguera
  • Periodista
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Tras los datos divulgados hace un par de días por el Observatorio Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana del Ministerio del Interior, el titular de esta secretaría resaltó no solo la disminución de casos de homicidios dolosos durante el año 2017, sino además, que la tasa de este tipo de muertes provocadas fue la más baja en los últimos 10 años.

Antes de continuar hay que aclarar que homicidio doloso es aquel que se comete de manera voluntaria y deliberada. Es decir, una persona que toma un arma y vacía el cargador contra su semejante no puede decir que lo hizo "sin querer", aunque su abogado jure que la culpa la tuvo el arma porque tenía el gatillo sensible.

El Observatorio revela que en el año 2017 se registraron 509 homicidios dolosos con una tasa de 7,13 asesinatos por cada 100.000 habitantes; además que en el año 2014 hubo 550 casos con una tasa de 8,26; en el 2015 fueron 565 los casos (tasa de 8,36) y el año 2016 registraron 624 casos (tasa de 9,1). Estos números indican que Paraguay se encuentra entre los países con menor tasa de homicidios dolosos en la región.

Esta buena noticia se extiende al 2018 también en cuanto a los casos de feminicidio en el país, ya que hasta al 6 de febrero del 2017 se habían registrado 10 casos, sin embargo este año en ese mismo lapso se contabilizan 6 casos locales (más uno en España), es decir 3 casos menos.

El aspecto negativo es que comparando con el 2016, vemos que ese año solo se habían computado 4 episodios de feminicidio hasta el 23 de febrero, es decir dos menos que en este 2018.

De los 624 casos de homicidios dolosos del año 2016, un total de 43 fueron feminicidios locales (sin contar 3 en el extranjero), es decir, el 6,89% de los casos; y de los 509 homicidios dolosos ocurridos en Paraguay en el 2017, el 10,41% fue feminicidio, ya que el año pasado se registró un total de 53 casos locales (sin sumar 6 en el extranjero). Aunque estos datos son interesantes, solo son fríos números.

Para tener una visión más profunda acerca de este tema no debemos ceñirnos únicamente a cifras. Podríamos, por ejemplo, invocar un último número, el 5, ya que nuestra sociedad, mayoritariamente católica, está regida sobre la base de los Diez Mandamientos; entre ellos el quinto, que reza: "¡No matarás!".

Matar. A pesar de que esta palabra es muy definitiva, vivimos anestesiados ante su verdadero alcance y esto tal vez se deba a la inmediatez de las informaciones que se propalan en la actualidad. Apenas tenemos tiempo de sorprendernos al leer que el vecino mató a su amigo en una noche de tragos o que el motochorro asesinó para robar un celular o ver el video en el que el Estado Islámico degolló a sus prisioneros o estar en vilo, pendientes de cuál país tiene mayor capacidad nuclear para aniquilar a millones de seres humanos en un parpadeo.

Tanta es la información que nos rodea sobre la muerte que esta ya no hace mella en la conciencia de los ciudadanos. Y sin embargo, el ente encapuchado que siempre viste de negro y se pasea con una guadaña no toma a la ligera su trabajo. El show de la tecnología sumado a la anémica enseñanza de valores, potenciados con una educación deficiente y a las costumbres y tradiciones ancestrales permiten que el hecho de segar una vida no tenga la trascendencia que merece.

En cierta ocasión entrevisté a un ciudadano de la India, quien refirió acerca de aspectos de su cultura que yo desconocía. Contaba, por ejemplo, que ellos no mataban las vacas por respeto a lo que estas significaban, ya que según su razonamiento eran las únicas que daban leche semejante a la de las madres humanas. Por eso, incluso, cuando una visita llega a una casa es bien visto ofrecerle yogur como un elemento refrescante. Ni tereré ni whisky, yogur casero.

Este indio también contaba que, según su creencia, una persona al morir podía reencarnar en un animal, por tanto no podían arriesgarse a matar a un familiar que estuviera reencarnado, por ejemplo, en una hormiga. Sin embargo, aquí, esa hormiga estaría condenada a un morir de un zapatillazo sin tener culpa de nada.

Decía el hombre que ni siquiera mataban a animales feroces como los tigres. Para protegerse de esos grandes felinos, los indios acostumbran colocar guardias, pero no humanos armados, sino elefantes. Si alguien diera la alarma de que un tigre fue visto en determinada zona, inmediatamente disponían de algún elefante para ahuyentar al depredador, puesto que es su enemigo natural.

A pesar de la buena noticia de que los homicidios dolosos disminuyeron en Paraguay, deberíamos pensar lo grave que es que se cometa aunque sea uno. Nos acostumbramos a reenviar videos de sicarios disparando o de moribundos desangrándose en accidentes de tránsito, como si fueran películas que damos play en la pantalla del celular y no una vida invaluable que se pierde para siempre. No hace falta profesar una religión para recordar más seguido el quinto mandamiento.