• Por Jaime Egüez
  • Socio del Club de Ejecutivos

Estamos insertos permanentemente en procesos que afectan nuestras vidas y eventualmente a nuestros hijos y nietos. ¿Pero cuál es la actitud más extendida y la de mayor crecimiento en nuestra sociedad? Es la de ser indiferentes al proceso de creación y consolidación de un nuevo escenario nacional.

¿Y en qué nos podemos identificar como indiferentes? Lo podemos resumir con solo observar la manera muy cuidada de decir lo que pensamos. Pero cada vez un grupo más grande no hace un esfuerzo por conocer diferentes puntos de vista sobre el escenario nuevo planteado. Tampoco por compartir y discutir entre pares o personas que tengan más información sobre el escenario. Y por último, no hacemos el esfuerzo de tomar una posición definida y exponerla con dignidad, respeto y consistencia hacia la sociedad.

Entendamos que esta característica es bastante arraigada durante años en nuestra cultura, porque básicamente somos una sociedad muy afable y muy amiguera. Está mal visto confrontar al amigo, y si este amigo tiene poder, peor aún. No hemos podido construir espacios de disenso respetuoso. Construir la posibilidad de un disenso responsable con conocimiento real, y así aportar un nuevo escenario a la realidad que quieren imponernos.

La verdad es que este comportamiento tradicional nos ha llevado al mismo resultado. Somos una sociedad donde permanentemente estamos protestando por las penurias o condiciones que no nos gustan. Pero lo hacemos una vez que ya es una realidad impuesta. No podemos entender qué debemos hacer para poder incidir y modificar las realidades cotidianas en su proceso de construcción.

Hoy estamos en uno de los mayores procesos colectivos para definir una realidad que nos afectará en los siguientes cinco años. La pregunta es: ¿cuántos son los indiferentes a este proceso? ¿Cuántos no van a involucrarse ni en el proceso de discutir, exponer, escuchar, ni asumir una posición concreta para el día de la votación? Y la idea de quien escribe es disminuir este número al mínimo posible. No se trata de ser fanáticos ni intransigentes en una posición. Se trata de tener una posición y actuar incidiendo en el proceso.

Nuestro enemigo fundamental en el Paraguay es ser indiferentes. Las realidades deben ser creadas, construidas y acordadas por una mayoría calificada en cada país. Debemos ser responsables de entender que no podemos más criticar ni quejarnos de una situación en la cual no hemos sido protagonistas de su proceso. Debemos ser responsables de nuestro futuro con acciones concretas.

Votar es una obligación ciudadana. Pero involucrarse y reflexionar sobre a quién votaremos es una obligación con nuestro propio futuro. Debemos tomar nuestro destino en nuestras manos, ser responsables con nuestras familias, con nuestros amigos, con nuestros lugares de trabajo. El país no es un conjunto confuso de entidades que nunca afectan al individuo. El individuo es afectado sistemáticamente por las decisiones que tome un Estado administrado por un gobierno temporal.

Mientras el individuo esté en una posición frágil en la estructura colectiva solo depende de un Estado eficiente para que pueda superar sus limitaciones estructurales. Tener acceso a la educación, a salud, a seguridad física y jurídica, a trabajo digno, a una vivienda digna, y el derecho de poder construir algo para la familia, todo esto se discute hoy hasta el día de las elecciones. No seamos indiferentes, hoy tenemos posibilidad de conocer, discutir, exponer y sobre todo tomar una posición concreta a ser ejecutada en el acto de sufragar.

Como responsables de empresas debemos asegurar que todos nuestros colaboradores entiendan esta responsabilidad. La incidencia de un lugar de aprendizaje cívico –como en las empresas– es vital para la mejora del país. Y, desde luego, en todos los ámbitos de la sociedad.