• Por Estela Franco
  • Escritora – Columnista invitada

La selección natural es un prodigio en la evolución de todo ser vivo, los procesos de cambios donde unos se adaptan al medio ambiente con modificaciones físicas, de carácter, de conducta, etc., en el trascurso del tiempo donde no todos lo logran. Es la diferencia consistente entre la supervivencia y la reproducción de genotipos.

El fin de semana fuimos partícipes de un delito ecológico cuyos actores fueron hombres y mujeres de la estirpe paraguaya más pura; fueron los abuelos, los padres de familia y sus niños, los espectadores, hijos y nietos de esos actores de la bestialidad más atroz contra nuestro patrimonio natural, la depredación de la población vegetal acuática del Río Salado, Victoria Regia, llamada en guaraní: Jakare yrupê.

No soy bióloga, antropóloga, psicóloga ni socióloga, pero, quisiera que se me permita utilizar la ciencia evolutiva, la psicología, etc. para hacer un cuestionamiento: ¿Qué oportunidad tienen nuestros niños del futuro a no ser igual que sus padres? Bien, puede que esta pregunta la deba realizar de manera menos literaria, más científica:

¿Puede nuestra sociedad futura superar los rasgos conductuales heredados sujetos a la selección natural? y no digo del más apto, el más fuerte físicamente porque no viene al caso ¿Puede un individuo variar entre los individuos de una población? ¿Puede esa variabilidad del rasgo dar lugar a diferencias para ser un éxito reproductor y en el tiempo con una característica conductual nueva se extienda en la población? ¿Es posible que, la acumulación de estos cambios conductuales a lo largo de las generaciones produzcan los fenómenos evolutivos positivos en un medio ambiente denigrante, abusivo, delictuoso? Este agónico cuestionamiento lo podrán contestar los profesionales científicos; biólogos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos, antropólogos y otros afines cada uno desde su concepción académica. He tomado como ejemplo el evento delictivo de toda una población contra natura, a la vista del resto que no participó pero le siguió con lupa a través de las redes sociales, donde muchos gritamos que las instituciones del estado se apersonen y detengan la depredación como un triste espectáculo de la decadencia. La verdad es palpable, nuestra sociedad paraguaya está absorbida por antivalores, por frases hechas que no garantizan mantener una casa en pie por mucho tiempo, por ejemplo: Péichante, el provisorio eterno, el ya da ya, que lo que tanto… frases que se utilizan a lo que dé lugar, como una muletilla entre risas que va de generación en generación, donde parece que los mayores no saben o no se dan cuenta de que los ejemplos se propagan en la mente de nuestros niños como lo culturalmente aceptable, lo que es normal en un medio ambiente de supervivencia. Hay tristes ejemplos cada día donde los niños ven que el corrupto progresa, y el marco jurídico condena solo "ciertos casos", en resumen, que la honestidad no vale la pena. La mendicidad de los niños en situación de calle, la violencia intrafamiliar instalada en todas las clases sociales y, la falta de una educación de calidad basada en valores, en conciencia cívica y moral, y por supuesto en la ciencia y en las humanidades. Y la población se da permiso a portarnos mal porque otros lo hacen.

Honoré de Balzac, dijo: "La ignorancia es la madre de todos los crímenes". Ojalá hubiera dicho, "padre y madre" para no adjudicar la culpa exclusivamente al género femenino, una vez más…, pero, como idea de generación estuvo cerca en un 50%, a mi entender. Salvando el otro 50%, al decir del Chapulín Colorado: "Como dice el viejo y conocido refrán, la idea es esa". Para terminar este embrollo de mi cabeza, tengo dos últimas preguntas vinculantes: ¿La raza paraguaya es vencer o morir? en el contexto de la psicología evolutiva, ¿Cuál de ambas es predecible?

Los corruptos de hoy fueron niños alguna vez, y tomaron los valores culturales de la sociedad. Pienso que no es el niño el problema, entonces es la sociedad. El Presidente del año 2030 hoy es un niño ¿Qué está aprendiendo hoy para devolver después?. Surge un aliciente cuando aparecen modelos positivos como don Diómedes y Ña Selva, y se me instala el pensamiento mágico de que por generación espontánea nacerán futuros padres como ellos. De momento mantengo la esperanza de cambios positivos concretos en las siguientes generaciones de paraguayos, de vencer con altruismo y valores renovados. Ojalá haya voluntad de cambio personal, social y del estado para mejorar, y llegar a ser excelentes. De momento, hasta aquí llego.